miércoles, 24 de septiembre de 2014

Adelanto del curso "Introducción al estudio de Caperucita Roja"

Qué alegría empezar el día con este mensaje!

"El cuento que les remito en el adjunto es parte del material de trabajo de la primera clase.

 ¿Cómo qué clase?

La clase del martes 7 de octubre del curso INTRODUCCIóN AL ESTUDIO DE CAPERUCITA ROJA.

A las 18.00 en LIBRERIA LOS LIBROS DEL VENDAVAL...

Los espero,

Carlos Silveyra" 



EL CUENTO DE LA ABUELA

Había una vez una mujer que acababa de cocer el pan. Le dijo a su hija:
-Ve a llevarle una hogaza caliente y esta botella de leche a tu abuelita.
Y la niña partió. En la encrucijada se topó con un bzou (un hombre lobo), que le dijo:
-¿Adónde vas?
-Le llevo una hogaza calentita y esta botella de leche a mi abuelita.
-¿Qué camino tomarás?– le preguntó el bzou -¿el de las agujas o el de los alfileres?
-El camino de las agujas, le dijo la niña.
-De acuerdo. Entonces yo tomaré el de los alfileres.
La pequeña niña se distrajo recogiendo agujas. Mientras tanto, el hombre lobo llegó a la casa de la abuela, la mató y puso un poco de su carne en la despensa y una botella de su sangre en el estante. La niña llegó y llamó a la puerta.
-Empuja -dijo el bzou– está cerrada con paja mojada.
-Buenos días, abuelita. Te traigo una hogaza calentita y una botella de leche.
-Ponlo en la despensa, mi niña. Coge la carne que está allí, y bebe de la botella de vino que hay sobre el estante.
Mientras ella comía, un pequeño gato decía:
-¡Qué puerca! ¡Se come la carne de su abuela y se bebe su sangre!
-Desvístete, mi niña – dijo el hombre lobo –y échate aquí, junto a mí.
-¿Dónde dejo el delantal?
-Tíralo al fuego, mi niña, ya no te va a hacer ninguna falta.
Y cada vez que le preguntaba dónde dejaba todas sus otras prendas, el corpiño, el
vestido, las enaguas, las largas medias, el bzou respondía:
-Tíralas al fuego, mi niña, no las necesitarás nunca más.
Cuando se tumbó en la cama, la niña dijo:
-Ay, abuelita, ¡qué peluda eres!
-Así no paso frío, mi niña.
-Ay, abuelita, ¡qué uñas tan largas tienes!
-Así me rasco mejor, mi niña.
-Ay, abuelita, ¡qué hombros tan anchos tienes!
-Así puedo cargar las leñas para el fuego, mi niña.
-Ay, abuelita, ¡qué orejas tan grandes tienes!
-Así te oigo mejor, mi niña.
-Ay, abuelita, ¡qué agujeros de la nariz tan grandes tienes!
-Así aspiro mejor el aroma de mi tabaco, mi niña.
-Ay, abuelita, ¡qué boca tan grande tienes!
-Es para comerte mejor, mi niña.
-¡Oh, abuelita, me he puesto mala! Déjame salir.
-Mejor háztelo en la cama, mi niña.
-Ay no, abuelita, quiero ir afuera.
-De acuerdo, pero no tardes mucho.
El bzou le ató un cordón de lana al pie y la dejó salir. Cuando la niña estuvo fuera, ató el cordón a un ciruelo que había en el jardín. El hombre lobo se impacientó y dijo:
-¿Estás haciendo mucho? ¿Estás cagando?
Cuando vio que no respondía nadie, salió de la cama de un salto y vio que la niña había escapado. La siguió pero llegó a su casa justo cuando ella cerraba la puerta tras de sí, poniéndose a salvo.



Relato oral tradicional recogido hacia 1885. Tomado de DELARUE, Paul y TENÈZE, M. L. Le conte populaire français, Erasme, Paris, 1957.

Ilustraciones de Marc Taeger para el libro La verdadera historia de Caperucita, adaptación de Antonio Rodríguez Almodóvar, Ed. Kalandraka 

 

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